Humanismo en tiempos de inhumanidad Miguel Palma A veces me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí, siendo que el camino idóneo no era tan difícil de vislumbrar. Veo el río escarlata que emana de Gaza y el olor a plomo que desprende Ucrania y siento una profunda sensación de orfandad total, una especie de enajenación respecto al concepto mismo de humanidad. ¡Después de Auschwitz, después de Camboya, después de Ruanda! Me avergüenzo, por definirlo con términos mínimamente inteligibles, de estar ineludiblemente destinado a ser un integrante de lo que llamamos Occidente, esto que, con enorme fatuidad e incluso vil autoengaño, concebimos como la cumbre de la libertad, la tolerancia, la justicia, la democracia e incluso, osados serán quienes se atrevan a sostener lo que viene a continuación con seriedad, la felicidad. ¡Menuda depauperación de tan bellos ideales! Cuánto camino nos falta por recorrer en la senda de la virtud para acercarnos mínimamente a una praxis diaria de su contenido semá...
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