¡Adiós, Dios! Miguel Palma ( @miguelpm_04 ) Desde Könisgberg nos dice Immanuel Kant que “Dios no es un producto de la experiencia” - y por lo tanto, inferir algo similar a su existencia no es más que la consecuencia de echar a volar la imaginación de la forma más irracional e ilusoria -. En Tréveris proclama Marx que “la religión es el opio del pueblo”, y desde Beaumont-en-Auge Pierre-Simon de Laplace le contesta a Napoleón que Dios es ya “una hipótesis innecesaria” en su obra acerca del funcionamiento determinista y newtoniano del universo. Sartre y De Beauvoir renegaron pronto también de lo divino. Nietzsche consideró al cristianismo “platonismo vulgar” en una de sus múltiples cruzadas contra el idealismo racionalista del ateniense. Da la sensación de que Dios - y la propia religión que en este se sustenta -, pese a haber seguido en el centro del pensamiento de muchos de los grandes filósofos de los últimos dos o tres siglos, ha perdido la relevancia que antaño tenía. Ya no está en ...
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